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A pesar de los beneficios, muchos agricultores dicen no a la mínima labranza

Con la cosecha ya terminada, los agricultores ahora están planeando cuando sembrar sus tierras — en caso de que lo hagan.

La discusión sobre la labranza y sus ventajas y desventajas no es nada nuevo para los agricultores. Además es un tema sobre el que se ha investigado mucho, y una inmensa mayoría de los investigadores de la University of Nebraska-Lincoln respaldan la mínima labranza.

¿Entonces por qué los productores siguen labrando sus tierras?

Una ventaja de la mínima labranza que se aplica directamente a Nebraska es que la tierra retiene una mayor cantidad de agua. Daniel Gillespie, un especialista en conservación de tierra del Servicio de Conservación de Recursos Natural, declaró que una tierra sin labrar retiene más agua — alrededor de tres cuartos de una pulgada — en cada tormenta, lo que añade un total de 2-5 pulgadas de precipitación anuales.

“A veces esos tres cuartos de pulgada son los que hacen que el cultivo pueda mantenerse hasta la siguiente precipitación,” comentó Gillespie.

Una tierra sin labrar retiene más agua debido a su incrementado porcentaje de materia orgánica y a una mejor salud de la tierra. Además cuando las precipitaciones caen sobre la tierra desnuda, la materia orgánica y los nutrientes se convierten en parte de la escorrentía, mientras que la tierra cubierta por residuos de la última cosecha retiene dichos nutrientes.

Pero las desventajas de la mínima labranza pueden aparecer antes que los beneficios.

Robert Klein, un especialista en cultivos del oeste de Nebraska en la oficina de North Platte Extension, declaró que una de las desventajas de la mínima labranza es que se incrementa el riesgo de enfrentarse a enfermedades de la planta, especialmente en caso de hacer uso del monocultivo.

“Es más difícil que con cultivos continuos de maíz aparezcan lombrices, orugas nocturnas y otros bichos que contribuyen al deterioro de la materia orgánica (de la cosecha anterior),” dijo Klein.

Klein comentó que una manera de reducir dicho riesgo consiste en rotar plantaciones de maíz y soja o en plantar cultivos de cobertura. Los cultivos de cobertura también pueden ayudar a mantener el nitrógeno y otros fertilizantes en la tierra en vez de perderse al llover.

Para los productores que ya están atados en cortos en relación al gasto de agua, el coste del consumo de agua adicional tiene que ser tenido en cuenta en relación a los beneficios ofrecidos por los cultivos de cobertura.

Gillespie destacó que otro problema con los cultivos de cobertura es el corto tiempo de crecimiento entre cultivos comerciales. Esto significa que los agricultores puede que no obtengan todos los beneficios de los cultivos de cobertura antes de que llegue el momento de plantar los cultivos comerciales como el maíz o la soja. El cereal de centeno es uno de los cultivos de cobertura más comunes en una rotación maíz-soja debido a esa razón.

Aunque la mínima labranza puede ahorrar en gastos de combustible y en equipamiento de labranza, Gillespie apuntó que un agricultor puede que tenga que comprar una sembradora más cara para poder introducir las semillas lo suficientemente profundas en la tierra.

A pesar de dichas dificultades, los expertos están de acuerdo en que la mínima labranza es mejor para la tierra a largo plazo.

Otra opción es la labranza por bandas, en la que los agricultores solamente labran la tierra en la que se plantará.

Gillespie cree que a partir del 2005 después del mandato de etanol, se ralentizó el paso hacia la mínima labranza, ya que los agricultores estaban más cómodos haciendo lo que siempre se había hecho.

“En caso de poder permitirse hacerlo, no tienen que cambiar nada. Pero si el margen de beneficios se estrecha, tendrán que hacer cambios,” declaró.

Los precios del grano han bajado y los agricultores están viendo como el su coste de insumo aumenta. Y debido a los patrones erráticos climatológicos como las sequías, la necesidad de conservar el agua se convertirá en una prioridad total para los agricultores.

Gillespie ha visto zonas de mínima labranza a lo largo del estado. Dice que dichas zonas tienden a estar agrupadas, y luego el patrón cambia a campos labrados o a campos labrados por bandas en otras áreas, siendo este el último obstáculo para adoptar las prácticas de mínima labranza.

“Hasta cierto punto, es una cultura,” declaró Gillespie. “Los agricultores siempre han labrado sus tierras. Existe un grupo de ellos que piensa que no está haciendo agricultura en caso de no labrar las tierras.”

 

A pesar de los beneficios, muchos agricultores dicen no a la mínima labranza обновлено: Diciembre 14, 2015 автором: admin

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