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El aprovechamiento del espacio

Según el análisis de mercado agrícola elaborado por Ernst & Young, un tercio de los rusos que han respondido al cuestionario sitúan la mejoría en la eficiencia en un segundo lugar en la jerarquía de prioridades de su negocio. Además, más del 90% de los agentes de mercado están de acuerdo en el hecho de que los mayores beneficios proceden del aumento de los ingresos en el patrimonio y no de la modernización o adquisición de nuevos materiales. Pero si el problema de la eficiencia está ahí, ¿de qué se trata realmente, y cómo se puede solucionar?

La Federación Rusa es uno de los mayores productores y proveedores de productos agrícolas. Según la FAO (2010) ocupa los lugares 1º, 3º, 5º y 6º en la producción de trigo, remolacha azucarera, girasol y maíz, respectivamente. Sin embargo, hay que considerar la eficiencia de los recursos explotados en la agroindustria. Por ejemplo, en lo que respecta al rendimiento de la cosecha de grano, Rusia queda lejana no solo de la mayor parte del mundo, sino incluso de otros miembros de la CEI. De ello se puede derivar una conclusión: si la productividad del cultivo del grano es baja, necesita un área de cultivo mayor en comparación con otros países. De hecho Rusia tiene uno de las mayores índices de superficie cultivada per cápita, mientras que la contribución de la agroindustria al PIB nacional es relativamente baja.

En gran parte se puede explicar por las deficiencias de los costes fijos y variables por unidad de terreno de cultivo en comparación con otros países.

Los fertilizantes son un problema especialmente actual. Por ejemplo, el Programa Estatal para el Desarrollo Agrícola y la Regulación de los Mercados de Productos Agrícolas, Materias Primas y Alimentos para 2008-2012 asignó más de 20 mil millones de rublos a subvenciones y adquisiciones de fertilizantes minerales. Además, según el Servicio Federal de Estadística, en los últimos 5 años el uso de fertilizantes creció un 58%. Conjuntamente, en el anteproyecto estatal del Programa para los años 2013-2020 está previsto que la cantidad de fertilizantes minerales crezca “desde los 38 kg que suponen el 100% de los nutrientes por 1 Ha de cultivo en 2010 a 80-100 kg en el futuro”.

Las áreas cultivadas son un problema no menos importante. Según el estudio de Ernst & Young, la reducción de casi el 60% de terrenos designados para cultivos forrajeros tuvo como consecuencia la importación de 500 mil toneladas de grano por año en Rusia. Desde 2009, de acuerdo con las gráficas del Servicio Federal de Estadística, el área dedicada al cultivo de trigo comenzó a descender desde 2,1 millones de Ha en 2010 a 1 millón de Ha en 2011.

La necesidad acuciante de avanzar es obvia desde hace tiempo para la mayoría del mundo desarrollado. Las innovaciones en los avances científicos y tecnológicos se están aplicando al trabajo en el campo. La moderna maquinaria agrícola viene ya equipada con ordenadores, en los laboratorios se generan nuevas variedades de cultivos, y las empresas agrícolas vigilan las condiciones de la cosecha usando imágenes por satélite.

Hoy en día la agroindustria de los países desarrollados se ha apuntado al siguiente nivel de competición – la competición por la eficiencia. Si no puedes controlar los precios del mercado, tienes que gestionar los costes de producción. El mercado de los productos agrícolas se ha convertido en algo tan global, que la forma más eficiente de obtener beneficios es gestionar el coste de los productos manufacturados. Todos los esfuerzos deberían dirigirse a asegurar el uso de los recursos con la mayor eficiencia para obtener el máximo resultado. En los países desarrollados estas tendencias han llevado al concepto de agricultura precisa. La agricultura precisa requiere la constante monitorización de los cultivos y los suelos para poner en marcha las medidas necesarias para optimizar las condiciones de las zonas problemáticas. Por ejemplo, si una finca concreta tiene ciertas zonas que dan un bajo rendimiento, no es necesario introducir una cantidad mayor de fertilizantes en toda la finca – será suficiente con tratar el área problemática. Esto ahorra gastos en fertilizantes, gasoil y amortización y, además, ahorrará tiempo de trabajo del equipamiento y de la plantilla para destinar a otras tareas.

La observación de las fincas se lleva a cabo de diferentes formas: dando un rodeo por las fincas, tomando muestras del suelo y analizándolas, usando estaciones sensoras y fotografías aéreas. En la práctica global se está popularizando aplicar la monitorización por satélite de los cultivos para terrenos con un área superior a 100 Ha. El procesamiento informatizado de las imágenes por satélite para generar determinados rangos espectrales, y que estos sistemas elaboran, proporcionan un mapa preciso del nivel de vegetación en cada terreno concreto y posibilita tomar decisiones sobre la aplicación “precisa” de fertilizantes, pesticidas u otras actividades. Además, el historial fotográfico muestra cómo germinaron los terrenos en el pasado lo que, comparándolo con la información actual, permite predecir la cosecha en el año actual y en los futuros.

Al mismo tiempo, habría que destacar que los métodos de monitorización distintos de los realizados por satélite son mucho más caros y tienen mejor regularidad y frecuencia de las medidas. Todos los datos observados por satélite, actuales y pasados, y su interpretación automática están disponibles a cualquier ordenador con conexión a Internet. La monitorización por satélite de las cosechas minimiza los elementos negativos, como el factor humano y, al mismo tiempo, permite a los capataces y propietarios recibir una información precisa y objetiva y presentarla a posibles inversores.

La monitorización de cultivos por satélite se está utilizando con éxito en muchos países de América, Europa y regiones de la CEI. Los proveedores de servicios más eficientes son Cropio (EEUU/Alemania), eLeaf (Holanda), Precision Agriculture (Australia), Vega (Rusia). La utilización de estos sistemas permite no solo la monitorización de las condiciones de las fincas, sino también recibir informes y notificaciones sobre los sucesos más importantes por correo electrónico o sms en tiempo real, y hacer predicciones sobre el rendimiento de las cosechas y sobre la economía de la empresa en general, recibir información y noticias sobre los mercados agrícolas, cambio de divisas y dinámicas de los precios, comparar índices de vegetación actuales y pasados, etc.

Vamos a considerar ahora la eficiencia de la inversión de la monitorización de la vegetación por satélite. Según nuestro estudio, este servicio cuesta 1,5 dólares por cada Ha al año, dependiendo del área total cubierta por el sistema. Al mismo tiempo este servicio permite ahorrar de 3 a 5 dólares y ganar 13 dólares a causa del aumento de la eficiencia del negocio (tomando como ejemplo un cultivo como el del trigo de invierno). En otras palabras, cada dólar invertido da la oportunidad de ganar hasta 18 veces más al reducir costes y aumentar la eficiencia del progreso de los cultivos.

Si una gran empresa agrícola tiene 100.000 Ha de tierra, la utilización de la monitorización de cultivos por satélite puede aportar beneficios de un millón de dólares, lo equivalente a 10-15 nuevas unidades de maquinaria agrícola.

Un agricultor que usa la monitorización de fincas por satélite aumenta su eficiencia y mejora sus métodos de gestión, dando además un “salto” a la era de las nuevas tecnologías. Este agricultor puede además debatir con colegas de todo el mundo en igualdad de condiciones respaldado no solo por los conocimientos de la Escuela Soviética Agrícola, sino también por los logros de la moderna tecnología y de los sistemas informáticos.

 

 

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