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Operaciones agronómicas rentables

Jeff Coulter, agrónomo de maíz de la Universidad de Minnesota (U of M), comparte una lista de cuatro prácticas agronómicas y su última investigación y reflexiones sobre las cosechas y sus beneficios.
1. Tasas de siembra y fertilizante

Las tasas de siembra en la mayoría de granjas ha crecido en los últimos años, especialmente en los entornos con cosechas de alto rendimiento. Al mismo tiempo, los granjeros han estado deliberando sobre las tasas de fertilizante, particularmente sobre las del nitrógeno (N). ¿Deberían aumentarse para ayudar a alcanzar cotas más altas en términos de objetivos de cosecha?
“Hemos realizado tres años de estudio en tres diferentes ubicaciones en el sur de Minnesota,” declara Coulter. “La mayoría de nuestras pruebas se han realizado en campos fertilizados para alcanzar un objetivo de cosecha de 250 fanegas por acre, a excepción del N. Hemos modificado la cantidad de fertilizante de nitrógeno, pasando de las 65 libras por acre, a las 110, 155 y 200 libras por acre de N en aplicaciones fragmentadas. Luego, además de eso, hemos estratificado poblaciones de plantas de 30.000 plantas por acre, alcanzando las 36.000 y 42.000.”
El primer descubrimiento, dice Coulter, es que unas mayores tasas de plantación de maíz no necesitan una mayor cantidad de fertilizante N. Independientemente de la tasa de siembra, las cosechas con 155 libras de N por acre, normalmente obtienen un resultado de 200 libras. Mientras que las cosechas de mayor rendimiento en el 2014 tenían la tendencia de usar 200 libras de N, la diferencia no era mucha. A un precio de 3,50$ por cada fanega de maíz, los beneficios previstos eran mejores con 155 libras de nitrógeno.”
Aunque la mayor tasa de siembra de 42.000 plantas por acre (ppa) ocasionalmente generó un mejor cosecha en dos de las tres ubicaciones investigadas, no fue la más beneficiosa de ellas.
“La tasa de 36.000 semillas de maíz por acre también estuvo cerca de conseguir los mismos resultados que la de 42.000, y los beneficios netos previstos fueron mejor para la de 36.000,” comenta. “Si tenemos en cuenta las 36.000 plantas por acre y las 155 libras por acre como referencia, esto permite comparar las cosechas de este sistema con aquellos con 42.000 semillas por acre, con o sin las 45 libras adicionales por acre. En dos de nuestras tres ubicaciones de investigación, las mayores inversiones generaron unas mejores cosechas. Pero francamente, a 3,50$ por fanega de maíz, eso no es suficiente para cubrir el gasto extra.”
Por ejemplo, la tasa de siembra de 42.000 ppa y una aplicación de nitrógeno de 200 libras por acre, generó 4 fanegas más de maíz en la prueba realizada por la U of M en la Southwest Research y en el Outreach Center en Lamberton. Sin embargo, los beneficios netos previstos fueron de 26$ por acre menos que los obtenidos por el sistema 36.000/155. En Rochester, Minnesota, la diferencia en beneficios netos fue de 48$ por acre menos que los obtenidos por el sistema de referencia de este estudio.
“La tasa de siembra de 36.000 con 115 libras de nitrógeno produjo unos beneficios netos que fueron constantemente los mejores en la mayoría de ubicaciones y años,” concluye Coulter.
2. Poco distanciamiento entre filas
En teoría, esto hace que las plantas se dispersen, haciendo que haya menor competencia entre las plantas y permitiendo unas mayores poblaciones de plantas. Coulter dice que las pruebas en Minnesota han comparado filas de 30 pulgadas con las de 20 pulgadas.

“Obtuvimos las mejores cosechas en dichas pruebas con 34.300 plantas por acre, sin que un menor distanciamiento entre filas tuviese importancia,” declaró.
Él también experimentó con filas gemelas de maíz, usando dos filas gemelas de 22 pulgadas con una distancia de 8 pulgadas entre ellas. Eso, en teoría, también genera una menor competencia entre plantas. Sin embargo en las pruebas de Minnesota, no tuvo mucho impacto en la cosecha.
3. Maduraciones híbridos
Los híbridos con un maduración más larga de 105 días han mostrado una ventaja de cosecha de 10 fanegas por acre en comparación a los híbridos de 95 días, comenta Coulter.
“Sin embargo, eso tiene que equilibrarse con el secado. Por cada día añadido a la duración de la maduración, vemos un maíz un 0,25%-0,50% más húmedo al cosecharlo. Existe un momento en el que el aumento de la cosecha gracias a los híbridos con una maduración más larga no compensa debido a los gastos extra del secado.”
Las pruebas de Minnesota han evaluado híbridos de 80 hasta 150 la mayoría de los años. Las diferencias entre los mejores 10 híbridos y los peores 10 híbridos son de 40 a 70 fanegas por acre, apunta Coulter. 
4. Fertilizante de arranque

Coulter encuentra una respuesta inconsistente del fertilizante de arranque (10-34-0) aplicado a la plantación del maíz después de la soja.
“No tiene relación con la fecha de plantación o la madurez del híbrido,” nos comenta. “Tengo que señalar que los campos investigados estaban ya bastante bien fertilizados, y puede que sea por eso por lo que el fertilizante de arranque no ha dado mucho resultado. Se ha visto una mejor respuesta de cosecha gracias al fertilizante de arranque cuando el maíz prosigue otra plantación de maíz anterior, cuando la tierra cuenta con una buena textura, y existe un buen nivel residual de plantación anterior en la superficie.”

Operaciones agronómicas rentables обновлено: Septiembre 16, 2015 автором: admin

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