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Proyecto de abono agrícola

Una estrategia de gestión del abono agrícola es un proyecto para aprovechar al máximo los fertilizantes (independientemente de su origen) de tal forma que mantenga libres de contaminación las aguas cercanas. Esto normalmente es bastante sencillo, pero hay que sortear ciertos obstáculos especiales. Sea como sea el proyecto, debe ser diseñado en su totalidad y comprendido por la única persona que tiene interés en ponerlo en práctica: el productor.

Los puntos básicos de un proyecto de gestión de abonos son:

  • Los resultados de los test del suelo. Antes de diseñar cualquier proyecto debe realizarse un examen completo y exhaustivo del terreno. Esto significa que debemos tener datos de todos los terrenos sobre los que se cultivará, con una antigüedad de 4 años como máximo. A partir de esos resultados un agricultor podrá determinar qué fertilizantes aplicar en cada terreno.
  • Evaluar las fuentes de nutrientes que hay en casa. Todo lo que el agricultor aporte a sus cultivos desde su propia granja — como legumbres, estiércol o desechos orgánicos— debería tenerse en cuenta y descontarse de la fertilización que necesita. El estiércol añade nitrógeno, potasio, fósforo, azufre y material orgánico. Las legumbres como la alfalfa, la soja, el trébol y otros aportan nitrógeno para el cultivo siguiente.
  • Ahorre nitrógeno. Al pensar en qué fertilizante comprar, asegúrate de tener en cuenta los nutrientes que se añadirán desde casa. Esto ayudará a rebajar los gastos en fertilizantes y a proteger los acuíferos. Cuando se aplica un exceso de abonos a una cosecha se producen escorrentías de nutrientes. Esto podría contaminar también las aguas subterráneas. El ahorro de nutrientes exige habilidad. El agricultor debe saber cuánto estiércol, por ejemplo, debe añadirse a una zona concreta de un terreno y cuántos nutrientes hay en ese estiércol. Con la legumbre el agricultor debe saber las condiciones de la planta y el tiempo de la siega.
  • Sea constante con la conservación. Cualquier proyecto agrícola nacional en el que se involucre una finca tiene ya probablemente un proyecto de conservación del suelo. Esta es una pieza necesaria de la gestión de los nutrientes, ya que incluye información sobre la rotación de cultivos, las pendientes del terreno (una información necesaria para la gestión del estiércol) y las normas a seguir para mantener una erosión del suelo sostenible. Puede que algunos agricultores no tengan ningún proyecto ni cumplan con los estándares “tolerables”. Estos agricultores necesitan adquirir toda esta información antes de que puedan elaborar su proyecto de gestión de nutrientes. En este caso deberán elaborar un nuevo proyecto de conservación del suelo.
  • Calcular el estiércol vacuno (u otro tipo de estiércol). La parte más difícil del plan es decidir y comprender qué cantidad de estiércol hay que utilizar en los cultivos. El agricultor debe hacerse una conjetura fundamentada sobre cuánto estiércol producirá la granja y calcular qué cantidad debe aplicar en cada cultivo. Es difícil, pero existen algunos atajos en el proceso. En primer lugar, calibrar el esparcidor. Usar básculas (una báscula de plataforma o una báscula portátil de eje tomada prestada de la oficina provincial de Extensión para la Conservación del Suelo). La calibración le permite saber cuánto puede retener su esparcidor, en toneladas. Así puede planificar cuántas cargas debe aplicar a un terreno para llevar a cabo su proyecto de gestión.
  • Esparcir el estiércol. La mayoría de los proyectos de nutrientes que elaboran los agricultores tienen un apartado dedicado al esparcimiento del estiércol. El estiércol que se echa a un terreno tiene que ser beneficioso para el medioambiente y para la cosecha. Asegúrese de que la cantidad que proyecta echar a la cosecha no supone más nutrientes de lo que la cosecha necesita, de acuerdo con los test del suelo. El proyecto debe prever echar estiércol en terrenos que lo necesitan y que a la vez no es probable que tengan escorrentías hacia fuentes de agua. El proyecto también contemplar los terrenos con restricciones sobre el esparcimiento de estiércol, como las lagunas o las corrientes; un terreno con pendientes (en los que las escorrentías de primavera hacen que sea un error abonar en invierno), y cualquier terreno cercano a un sumidero, un pozo o terreno rocoso agrietado. Es parte del proyecto también la época en la que hay que aplicarlo. Esto depende de cómo se ha procesado el estiércol. Los agricultores que tienen almacenes para el estiércol seguramente programarán utilizarlo en épocas y dosis distintas mejor que los agricultores que deban acarrear estiércol cada día.

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